lunes, 25 de octubre de 2010

una reflexión ...

Cada mañana

Al abrir los ojos y darme cuenta que estoy despierta, agradezco por el nuevo día. Un nuevo renacer, sólo que reconozco el lugar donde estoy, las personas con quienes comparto mi vida y casi al instante sé el día de la semana que recién empieza. 


Por hábito sigo en automático la rutina. La mente continua con su incansable recuento de lo que "debo" hacer ahorita, al rato, más tarde, al medio día, por la tarde, en la noche. En lo que me doy cuenta, en sólo breves instantes, terminé el día de hoy y hasta me parece que estoy pensando en lo que haré mañana o la semana entrante. ¡Hey! Detente apenas está amaneciendo. 


Eso, sin más, me siento sobre el cojín de meditación. Una vez preparado el sitio, con la tenue luz de la vela y un incienso encendido agradezco nuevamente la oportunidad que se me presenta de dedicar un breve tiempo al "aquietamiento de la mente"; así mismo, asiento mi interés de trascender mis hábitos destructivos y desarrollar mis potencialidades para beneficio de todos los seres.  

La práctica de la atención en un único punto (unipuntual) o plena atención, me ayuda a que mi cabecita loca y disparada, trate de mantenerse serena, perceptiva y clara. "Las aguas apacibles permiten reflejar sin distorsión". Es un buen ejercicio mental, se los recomiendo.

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